Imagina por un momento que nuestra galaxia, la Vía Láctea, no fuera solo un remolino de estrellas y polvo. Imagina que en su mismo centro se ocultara una especie de puerta secreta, un túnel que conecta nuestro rincón del universo con otro totalmente diferente. No es el argumento de una película de ciencia ficción, o al menos no solo eso. Un grupo de físicos acaba de lanzar una teoría que invita a soñar: la misteriosa materia oscura podría haber creado un agujero de gusano justo ahí, en el corazón de nuestro hogar cósmico.
Qué es un agujero de gusano y por qué suelen derrumbarse
Para entenderlo mejor, el doctor Saibal Ray, uno de los autores del estudio, lo explica con una imagen muy sencilla. Para él, un agujero de gusano es como un pasadizo entre dos tapas de alcantarilla: una sería la entrada y la otra, la salida. La gravedad allí es tan bestia que es capaz de doblar el propio espacio-tiempo, creando un atajo que uniría dos puntos que, en línea recta, estarían a años luz de distancia.
El problema es que, según las ecuaciones de Einstein, estos túneles serían increíblemente inestables. Nada más formarse, se derrumbarían sobre sí mismos. Para mantener uno abierto y que algo pudiera atravesarlo, haría falta un tipo de energía muy especial, casi mágica, llamada energía negativa. Y aquí es donde entra en juego la gran desconocida: la materia oscura.

La materia oscura, la heroína inesperada
Sabemos que la materia oscura existe porque su gravedad moldea las galaxias. De hecho, representa el 27 por ciento de todo lo que hay en el universo, aunque no podamos verla. La Vía Láctea está envuelta en un enorme halo de esta sustancia fantasma.
La propuesta de estos científicos es tan audaz como fascinante: en condiciones extremas, esa materia oscura podría comportarse justo al revés de lo que esperaríamos. En lugar de aplastar el agujero de gusano, podría generar la energía negativa necesaria para mantener su garganta, el conducto, bien abierta y estable. Según el doctor Ray, sus cálculos teóricos indican que, en el caso de nuestra galaxia, ese agujero de gusano no solo podría existir, sino que sería descomunal: unos treinta y dos mil seiscientos años luz de diámetro. Una autopista cósmica de proporciones épicas.
La otra cara de la moneda: escepticismo y cuentas gigantes
Antes de hacer la mochila para lanzarnos a viajar por el universo, conviene bajar al suelo. No todos los astrónomos compran esta historia. La doctora Andreea Font es clara y contundente: no hay ninguna evidencia de que la materia oscura pueda actuar como esa energía exótica que mantiene abierto un túnel. Para ella, estas ideas están muy lejos de la física convencional.
El verdadero problema, sin embargo, son las matemáticas. Mantener abierto un agujero de gusano del tamaño del centro de la Vía Láctea requeriría una cantidad de energía negativa equivalente a cientos de miles de galaxias enteras. En otras palabras, nuestra galaxia, por sí sola, no tendría ni de lejos suficiente combustible raro para sostener un monstruo así. Es un poco como querer encender una cerilla y terminar quemando todo un bosque.

Un sueño que la naturaleza podría permitirse
A pesar de las críticas, la idea es tan hermosa que cuesta despedirse de ella. El profesor Dejan Stojkovic, que no participó en el estudio pero lo conoce bien, lo resume con una frase maravillosa. Dice que la naturaleza tiene una capacidad para construir cosas muy superior a la nuestra, y que si las ecuaciones de la relatividad general permiten algo, es muy posible que ella haya encontrado ya la manera de hacerlo realidad.
Quizás dentro de unos años descubramos que sí, que hay un atajo interestelar en el patio trasero de nuestra galaxia. O tal vez solo fuera un espejismo matemático. Pero mientras tanto, no está nada mal pensar que, cada vez que alzamos la vista al cielo nocturno y miramos hacia el centro de la Vía Láctea, quizás estemos mirando también una puerta. Y eso, aunque solo sea por un instante, tiene algo de mágico.
El estudio científico titulado “Traversable Wormhole Geometry Reconstruction from the Rotation Curve of NGC 3198: A Comparative Study of Dark Matter Halo Profiles” ha sido publicado en el servidor de preimpresión arXiv.org.
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Por: Cronosmos.com